Clasificación de las Alteraciones del Desarrollo.
Introducción.
La base de todos los esfuerzos a lo largo de la historia es dar un nombre o hacer algo para el sufrimiento del paciente. Toda la historia ha sido controversial el tema de la psiquiatría, ya sea por temas culturales, religiosos, clínicos, etc., que han intentado detener el avance científico respecto a esta rama.Sistemas de clasificación.
La clasificación se considera un elemento esencial para resolver problemas en la investigación. Según Blashfield y Draguns (1976) las clasificaciones deben servir a logro de cinco objetivos (Nomenclatura, recuperación de información, descripción, predicción y formación de conceptos). Morris (1988) Dos objetivos: Facilitar la comunicación entre el personal del campo de estudio y facilitar la predicción.
Modelos de la clasificación.
- CLASIFICACIÓN BASADA EN CASOS PROTOTÍPICOS: No se definen enunciando listas de características asociadas a cada una de ellas sino proponiendo casos ejemplares que representan cada categoría.
- CLASIFICACIÓN BASADA EN DICOTOMÍA: Consiste en disponer una lista de rasgos a observar en cada sujeto para determinar su pertenencia a una u otra categoría de la clasificación.
- CLASIFICACIÓN MONOTÉTICA: Es aquella en la que se enumeran los rasgos necesarios y suficientes para que un caso pueda ser incluido en ella, intenta explicar la conducta anormal en términos de procesos fisiológicos.
- CLASIFICACIÓN POLITÉTICA: La definición de cada categoría adopta la forma de una lista de características.
- CLASIFICACIÓN DIMENSIONAL: Puede considerarse como un modelo de medida, ya que asume que puede organizar los síntomas en términos de factores de nivel superior que representan la varianza sistemática de las medidas observables.
Los clínicos tratan más con el mundo real del alumno y los problemas diarios de la clasificación, mientras que los investigadores empíricos operativizan y evaluándose los constructos teóricos de manera objetiva y sistemática.
Una ventaja del enfoque clínico frente al empírico tienen un modelo de clasificación que han aprendido por medio de la práctica profesional e incluye a sujetos con problemas psicológicos, comportamentales, cognitivos y de aprendizaje, en el caso de los empíricos se centran en un grupo de sujetos o en una característica. Los clínicos utilizan un método a priori que contemple todos los grupos posibles, utilizan un enfoque politético o híbrido de agrupación de características. Los empíricos evalúan y desarrollan sus propuestas dentro del enfoque clínico-racional, como modelos multidimensionales.
Espacio bidimensional: Tiene tres rasgos principales.
A) Especificación de un modelo teórico de clasificación:
A-1: explicitar el propio modelo (categorial, jerárquico, dimensional, híbrido)
B- Descripción a priori de posibles grupos o categorías
C- Precisar y describir las características para evaluación de similitudes
D- Especificar a priori las relaciones esperadas
A-2: Identificar modelos alternativos de clasificación, su objetivo es que pueda utilizarse con fines comparativos
A-3: Operativizar el modelo, requiere el desarrollo de una estrategia adecuada para sujetos que podrían considerarse con dificultades de aprendizaje
B) Validación interna del modelo de clasificación, tras su operativización: Evaluación de consistencia y confiabilidad de clasificación, tiene subcomponentes que incluyen evaluación de homogeneidad y cobertura de cada grupo.
C) Validación externa del modelo de clasificación: Identificación de las diferencias grupales en función. Es la fase mas importante, incluye la identificación de diferencias grupales, si la diferencia no existe el sistema de clasificación no tendría ninguna aplicación clínica, empírica o predictiva.
Distintas clasificaciones de las dificultades del aprendizaje.
- Si las puntuaciones del CI son componentes necesarios o suficientes de la definición de ambos trastornos.
- En caso de que lo sean, cuál es el valor de CI límite entre uno y otro.
- Síndrome de dislexia-disgraía.
- Síndrome de disfunciones perceptivo-motoras.
- Síndrome de retrasos de lenguaje.
- Síndromes de distraibilidad, hiperactividad y disminución de la atención.
- Déficit específicos en la lectura. Dentro de este apartado se incluyen distintas clasificaciones, distinguieron tres subtipos.
a) El disfonético. Caracterizado por déficit en el análisis de las palabras y en las habilidades relacionadas en la captación de la palabra.
b) EL diseidéctico. Caracterizado por la existencia de déficit de memoria visual y en la discriminación visual.
c) El mixto disfónetico-diseidético. En el que se mezclan los déficit de los anteriores, por lo que da lugar a los problemas más severos como, entre otras cosas, inversiones y problemas de secuenciación. - Déficit específicos ene la aritmética. Se propone de dos grupos diferentes.
a) El constituido por aquellos sujetos que manifiestan diferencias visoespaciales en la ejecución de las subescalas correspondientes del WISC, con un rendimiento insuficiente en matemáticas, pero sin problemas lectores.
b) El constituido por aquellos sujetos que juntamente con un rendimiento insuficiente en matemáticas, presentan igualmente problemas en la lectura y en el lenguaje en general en un grado semejante a sus problemas aritméticos. - Déficit específicos en la escritura. Los subgrupos encontrados presentan cierto paralelismo con los mencionados anteriormente y se distinguen en tres grupos.
a) El relacionado con la dislexia fonética. Que se caracteriza por una escritura ilegible y errores asistemáticos.
b) El relacionado con déficit en las habilidades visoespaciales. Se manifiesta en errores de ortografía convencional.
c) Relacionado con déficit en las habilidades de coordinación motora necesarias para la escritura. Está formado por los escritores apráxicos que muestran deficiencias sólo en la caligrafía.
- Sujetos con déficit globales, con resultados por debajo del percentil 20 en todos los subtests.
- Sujetos con déficit específicos en lectura y deletreo.
- Sujetos con déficit específicos en aritmética.
- Problemas del estilo cognoscitivo, que se dedben a una atención inadecuada.
- Problemas del poder cognoscitivo, que se deben, principalmente, a un procesamiento poco eficaz.
- Los sujetos aprenden a pronunciar las palabras con exactitud.
- Se da el reconocimiento automático sin necesidad de pronunciar las palabras.
- Los lectores, ya expertos, desarrollan la máxima velocidad a medida que los componentes del proceso lector se consolidan en la memoria.
- Dificultades de exactitud. Formado por los sujetos que fracasan en la primera fase del proceso de aprendizaje lector.
- Dificultades de velocidad. Formado por los sujetos que logran un nivel de reconocimiento de la palabra apropiado a su edad, pero son claramente deficientes en las fases segunda y tercera.
- Lectura de palabras imprecisa o lenta y con esfuerzo (p. ej., lee palabras sueltas en voz alta incorrectamente o con lentitud y vacilación, con frecuencia adivina palabras, dificultad para expresar bien las palabras).
- Dificultad para comprender el significado de lo que lee (p.ej., puede leer un texto con precisión pero no comprende la oración, las relaciones, las inferencias o el sentido profundo de lo que lee).
- Dificultades ortográficas (p. ej., puede añadir, omitir o sustituir vocales o consonantes).
- Dificultades con la expresión escrita (p. ej., hace múltiples errores gramaticales o de puntuación en un oración; organiza mal el párrafo; la expresión escrita de ideas no es clara).
- Dificultades para dominar el sentido numérico, los datos numéricos o el cálculo (p. ej., comprende mal los números, su magnitud y sus relaciones; cuenta con los dedos para sumar números de un solo dígito en lugar de recordar la operación matemática como hacen sus iguales; se pierde en el cálculo aritmético y puede intercambiar los procedimientos).
- Dificultades con el razonamiento matemático (p. ej., tiene gran dificultad para aplicar los conceptos, hechos u operaciones matemáticas para resolver problemas cuantitativos).
B. Las aptitudes académicas afectadas están sustancialmente y en grado cuantificable por debajo de lo esperado para la edad cronológica del individuo, e interfieren significativamente con el rendimiento académico o laboral, o con actividades de la vida cotidiana, que se confirman con medidas (pruebas) estandarizadas administradas individualmente y una evaluación clínica integral. En individuos de 17 y más años, la historia documentada de las dificultades del aprendizaje se puede sustituir por la evaluación estandarizada.
C. Las dificultades de aprendizaje comienzan en la edad escolar pero pueden no manifestarse totalmente hasta que las demandas de las aptitudes académicas afectadas superan las capacidades limitadas del individuo (p. ej., en exámenes programados, la lectura o escritura de informes complejos y largos para una fecha límite inaplazable, tareas académicas excesivamente pesadas).
D. Las dificultades de aprendizaje no se explican mejor por discapacidades intelectuales, trastornos visuales o auditivos no corregidos, otros trastornos mentales o neurológicos, adversidad psicosocial, falta de dominio en el lenguaje de instrucción académica o directrices educativas inadecuadas.
Clasificación de Mora (1994)
Propone un sistema de clasificación que incorpora elementos etiológicos, se centra en dificultades del sujeto y no en problemas externos a él de tipo contextual, se basa en los déficit en los procesos psicológicos y no en los académicas, tiene cinco grandes categorías:
1. Trastornos perceptivo-motores.
2. Trastornos en las habilidades del pensamiento.
3. Trastornos de conducta relacionados con la autorregulación y el autocontrol
4. Trastornos del lenguaje.
5. Trastornos emocionales relacionados con el autoconcepto.
Este enfoque adopta un enfoque clínico-racional, sigue criterios dimensionales, las dimensiones se dan jerarquizadas siendo las habilidades metacognitivas las de primer lugar y las dimensiones perceptivo-motoras las del último lugar, y también, en este enfoque las dimensiones no se subdividen en categorías discretas mutuamente excluyentes.
Clasificación CIE-10 y CIDDM-2
CIE corresponde a Clasificación Internacional de las Enfermedades y es un instrumento para guiar el diagnóstico médico elaborado por la OMS que divide las DA así:
El CIDDM-2 es una Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud, re presenta una revisión de la CIDDM, donde las categorías que contiene esta clasificación pueden ser utilizadas para describir cualquier persona, así como elaborar un perfil a partir del cual se determinen sus necesidades de cualquier tipo, pero en particular, las educativas.
En el primer nivel de la clasificación se incluyen los principales cuatro apartados:
En el segundo nivel se visualizan sólo los capítulos relacionados con las DA y otras necesidades educativas especiales derivadas de aspectos motores, sensoriales o mentales.
En este último nivel se presentan elementos de la CIDDM-2 relacionados directamente con las DA
Los componentes se cuantifican con la siguiente escala:
Y se le añade a la clave de dominio separada por un punto indicando una deficiencia severa en las funciones mentales específicas del lenguaje.
Ruta histórico-oncológica de la nosología psiquiátrica (distintas versiones del DSM).
La nosología es la rama de la medicina que se encarga de explicar, diferenciar y clasificar las enfermedades y empezó a usarse el término desde que Emil Kraepelin planteó una propuesta nosológica definida en uno de sus estudios en pacientes psicóticos crónicos que había estado mucho tiempo en hospitales o asilos, extendidos luego a otras partes del mundo para poder compararlos desde un punto de vista científico que generaron las primeras nociones de psiquiatría cultural.
Kraepelin estableció tres grupos nosológicos en su obra Psychiatrie:
1) Psicosis orgánicas, nutricionales e infecciosas
2)Demencia precoz (esquizofrenia) y la locura maniaco-depresiva
3) Psiconeurosis
Posteriormente, en 1913, Karl Jaspers en la primera edición de Allegemiene Pyschopathologie propuso grupos que dividió en tres grupos:
1) Enfermedades mentales que llamó cerebrales, debidas a traumatismos encéfalo-craneanos, tumores, infecciones, etc.
2) Psicosis mayores de etiología entonces no conocida
3) Psicopatías: No consideradas enfermedades sino tipos de reacciones anormales, "neurosis" y anormalidades o trastornos de personalidad.
Para poder clasificar de manera científica debe tener requerimientos lógico-empíricos exigentes, así como una descripción del objeto de estudio, pues, la clasificación debe dar paso a la creación de leyes generales o teorías por medio de las cuales eventos particulares puedan ser explicados, previstos y científicamente comprendidos.
Así, a partir de la segunda mitad del siglo XX, surgió la necesidad de crear algo que proporcionara todo esto que se busca. La APA publicó en 1954 la primera versión del DSM, con un carácter psicoanalítico en su mayoría de los diagnósticos; La OMS, 15 años después incluyó un capítulo en la octava edición de la CIE. Un año después, reapareció el DSM con una versión más actualizada, el DSM II que estaba influido por el CIE-8 y por la inclusión de la palabra "reacciones" para designar categorías nosológicas conocidas.
A partir de la década de los 1980s, se crearon problemáticas en torno a cómo debía estructurarse una nosología psiquiátrica moderna, empezando por definir las afecciones mentales, pues no sabían si nombrarlas enfermedades, dolencias, trastornos, disfunciones. Rousanville por ejemplo, propuso describir de cuatro maneras diferentes a los trastornos psiquiátricos:
1. Socio-políticos
2. Biomédicos
3. Operacionales y combinadas (esta fue la más aceptada por su carácter pragmático).
Todo esto contribuyó a la consolidación del DSM y sus categorías.
Entonces, el DSM “DIAGNOSTIC AND STATISTICAL MANUAL OF MENTAL DISORDERS” corresponde con una clasificación de los trastornos mentales confeccionada para su uso clínico y de investigación
DSM-IV: Es la ultima versión publicada en Estados Unidos en 1994, en ella se lleva acabo las correcciones y modificaciones de a versión anterior, el DSM-III-R, publicado en 1987 y traducido en 1990
En esta clasificación aparece una sección titulada “trastornos de inicio en la infancia, niñez o adolescencia”
A) Trastornos del aprendizaje: En el DSM-III-R se le denominaba “trastornos de las habilidades académicas” y según el DSM-IV
Se caracterizan por un rendimiento académico sustancialmente por debajo de o esperado dada la edad cronológica del sujeto, la medición de su inteligencia y una enseñanza apropiada a su edad. Los trastornos de aprendizaje pueden persistir a lo largo de la vida adulta y las estimaciones acerca de su prevalencia se sitúan entre el 2 y el 10 por 100, dependiendo de evaluación y definición aplicada.
Cuatro subtipos de dificultades de aprendizaje:
A) Trastorno de lectura.
B) Trastorno de calculo.
C) Trastorno de expresión escrita.
D) Trastorno de aprendizaje no especificado.
Rendimiento (en lectura, capacidad para calculo o habilidades para escribir) se sitúa sustancialmente por debajo de lo esperado dado la edad cronológica del sujeto, su coeficiente de inteligencia y escolaridad propia de su edad.
La alteración del criterio anterior interfiere significativamente el rendimiento académico o las actividades de la vida cotidiana que exigen habilidades.
Si hay un déficit sensorial (para a lectura, calculo o escritura) la alteración no se debe a un defecto de la agudeza visual, auditiva, ni a nigua trastorno neurológico.
Trastorno de aprendizaje no identificado: Esta categoría incluye trastorno de aprendizaje que no cumplen los criterios de cualquiera de los trastornos de aprendizaje especifico.
Enfermedad y trastorno mental.
En la concepción psiquiátrica prevalece la idea de que cada categoría psicopatológica corresponde con alguna clase natural y que los desórdenes psiquiátricos poseen: los trastornos médicos, características etiológicas, patológicas, sintomatológicas, de prognosis y de respuesta al tratamiento, todo lo cual hace posible su identificación, descripción y abordaje (por parte del especialista) de forma semejante a cualquier otra enfermedad médica.
La psiquiatría ha pretendido establecer un sistema de clasificación de las llamadas enfermedades mentales análogo a los sistemas taxonómicos de las otras ramas de la medicina. La elaboración de las diferentes versiones del DSM constituye el más claro ejemplo de ello: “La formulación de categorías es el método habitual de organizar y transmitir información en la vida diaria, y ha sido el enfoque fundamental empleado en todos los sistemas de diagnóstico médico”. Tras ello se justifica el uso del enfoque categorial para el diseño de las categorías.
Adoptó el concepto de operacionalización de Bridgman para la elaboración de las categorías diagnósticas, el cual postula la explicitación de un conjunto de criterios exhaustivos y excluyentes que permitan determinar de forma fehaciente y objetiva la presencia o ausencia del fenómeno a estudiar (en este caso los síntomas y síndromes). El comité redactor muestra, desde entonces, una tendencia a alejarse de cualquier clase de consideración psicogenética o etiopatológica en relación a los trastornos y a hacer hincapié.
Se intentaba caracterizar cada desorden especificando la presencia y el grado de anormalidad, a partir de criterios que fueran posibles de determinar empíricamente y de forma fiable. En 1995 en el DSM IV (APA) señalaron la dificultad de delimitar y definir qué es un trastorno mental y se destaca que dicha noción,
de los términos de medicina carece de una definición operacional consistente que englobe todas las posibilidades sin embargo, una distinción entre las enfermedades médicas, las cuales pueden definirse a partir de diversos niveles de abstracción (tales como: patología estructural, forma de presentación de los síntomas, desviación de la norma fisiológica y etiología) y los trastornos mentales, definidos a partir de una gran variedad de conceptos (por ejemplo, malestar, descontrol, incapacidad, limitación, irracionalidad, etiología, inflexibilidad), cada uno de los cuales sería un indicador útil para un tipo de trastorno mental, aunque ninguno equivale al concepto. Otra forma de caracterizar al trastorno mental es como un patrón o un síndrome psicológico o comportamental individual, únicamente significativo asociado con la presencia de estrés, discapacidad o con un incremento significativo de la posibilidad de sufrir muerte, dolor, discapacidad o pérdida de libertad.
De modo similar, en la CIE-10 (1992) desarrollaron una serie de discusiones sobre los problemas terminológicos que se generan en torno a la noción de trastorno mental, pues señala que dicho término es utilizado a lo largo de la clasificación para evitar los problemas que plantea usar otros conceptos tales como “enfermedad” o “padecimiento”, pero se sostiene que aunque el término “trastorno” no es preciso, se le utiliza para señalar la presencia de un comportamiento o de un grupo de síntomas identificables en la práctica clínica, que en la mayoría de los casos se acompañan de malestar o interfieren en la actividad del individuo; los trastornos mentales no incluyen disfunciones o conflictos sociales por sí mismos, si no se puede identificar la presencia de trastornos individuales
La psiquiatría impone siempre un diagnóstico a doble entrada, a la vez “clínico” y “etiológico”, las formas de organización patológica de la vida psíquica suponen alguna modalidad de trastorno estructural biológico. Sin embargo, esto no implica jamás reducir el diagnóstico clínico a un diagnóstico etiológico, pues en la mayoría de las enfermedades psiquiátricas la etiología no guarda relación directa con las categorías clínicas; diversos cuadros pueden estar ocasionados por una misma etiología y a la inversa. Durante el diagnóstico y la intervención psiquiátrica, el psicopatólogo lleva a cabo una serie de evaluaciones que requieren el uso de criterios sociales y culturales que convierten su labor en una actividad muy diferente a la de otras ramas médicas. Lo que ocurre concretamente es que lo que constituye o no un trastorno mental y lo que hemos de considerar su expresión sintomática es siempre algo social y culturalmente negociado. Las consideraciones culturales y las creencias que la comunidad sostiene
respecto de lo que son conductas, creencias y emociones normales y anormales, resultan esenciales para comprender la enfermedad mental (Horwitz, 2002).
Diagnóstico psicopatológico.
Se sostienen sobre criterios que resultan vinculantes respecto del contexto sociocultural al que pertenece el denominado “enfermo”. Esta clase de juicios no siempre son claros a la hora de establecer qué es y qué no es un trastorno o disfunción, pues contiene componentes valorativos que definen qué es comprensible y qué no, qué es racional o irracional, compulsivo o libremente elegido, esperado o inesperado; todo ello siempre en función de una situación particular.
El DSM-IV aporta información sobre los denominados “síndromes dependientes de la cultura” (Yap, 1951). Se ha confeccionado un apéndice acerca de estos síndromes (apéndice J) que engloba el nombre de cada trastorno, las culturas en las que se ha observado y una breve descripción psicopatológica. Por otro lado, y como mencionamos antes, un punto clave para determinar cuándo estamos y cuándo no ante un trastorno mental, es la identificación de una disfunción interna como su causa. La presencia de un trastorno mental implica suponer la alteración de los mecanismos internos responsables del buen funcionamiento de las estructuras que posibilitan determinadas capacidades.
Como afirmó Ey (2006), no es posible quitar al psiquiatra la responsabilidad de llevar a cabo un diagnóstico clínico sin embargo, y de acuerdo con el modelo psiquiátrico, también es preciso que el especialista sea capaz de establecer de forma válida criterios independientes para determinar cuándo nos encontramos y cuándo no ante síntomas ocasionados por una disfunción interna.Hasta el presente, no parece posible proponer un modelo que nos indique cómo es el funcionamiento normal de la infraestructura cerebral sin apelar directa e indirectamente a criterios fenomenológicos y clínicos. En este sentido, los manuales DSM terminan por considerar todos los síntomas (sean o no internos, esperables o desviados) como posibles signos de desorden, dejando a criterio del clínico el establecer si se trata o no de un signo de una disfunción subyacente.
Operacionalización y diagnóstico.
En relación con el pronóstico (Waxler, 1977, citado con Kleinman, 1991) sostiene que allí en donde la esquizofrenia es vista como un problema agudo y se espera que los pacientes se conduzcan de forma similar a pacientes con otras enfermedades agudas, la familia y comunidad lo refuerzan positivamente, en cambio, la cronicidad resulta de la clase de mensajes y respuestas que el paciente recibe de su contexto.Validez de las categorías psiquiátricas.
Pese al interés que los psiquiatras expresan por hallar correlaciones con hallazgos neurobiológicos, el proceso de diagnóstico y clasificación se sigue basando, en la actualidad y para la mayor parte de los trastornos contemplados en los manuales DSM, en criterios exclusivamente clínicos.
























Comentarios
Publicar un comentario